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CHARLAS ABIERTAS EN EL LABORATORIO

Charla con Diego Peretti (2ª parte)

En marzo de 2007, vino al Laboratorio Diego Peretti. Después de dialogar con Patricio Vega, la charla se abrió a todos los presentes. A continuación pueden leer parte de lo dicho ese día.

Concurrente: ¿No es conveniente que el novelista haga su guión o depende el caso?
Diego Peretti: Depende el caso. Si yo tuviese que construir un personaje que es un novelista que hace un guión a partir de su novela, uno de los principales obstáculos con el que se encontraría el personaje es que no puede despegarse del amor que puso para hacer la novela y de la narración que pone en una novela que para pasarla al cine es imposible. El mayor obstáculo que tendría sería el duelo de cosas que no sirven en una película. Porque la película tiene que ser más concentrada, porque es una hora y media o dos, es otro código. Yo hice “El sueño de los héroes” de Bioy Casares, dirigido por Renán. Es una novela muy difícil, hay realismo mágico y el realismo mágico en cine se cae a pedazos. Tenés que encontrarle alguna estructura para entender al personaje: o es una alucinación, o es una idea paranoica o es un delirio. Porque, si no, es arbitrario completamente. En cambio en una novela no, en una novela tiene algo de cierta magia, cierto acento, está la pluma del autor.

Concurrente: En “¿Quién dice que es fácil?”, ¿ustedes tienen libertad de modificar el guión original? ¿cómo funciona eso?
Diego Peretti: Taratuto me dijo que sí, que no había problema. Después le preguntamos a Solarz. Él sabe mucho de estructura, entonces el mapa estaba perfecto. Pero hay cosas que se trabajaron más y a mí criterio se enriquecieron y al criterio de Solarz también. Lo que quedó al final fue una adaptación del guión original de Solarz. Entonces, con esa premisa, sí pudimos trabajar. No es que hicimos otra versión, fue una revisión de la versión. Con el guión quedamos muy conformes y Solarz cuando lo vio también.

Concurrente: ¿Participaste del guión técnico?
Diego Peretti: No. Alguna imagen que tengo yo se lo comento al director. Por ejemplo, en “No sos vos, soy yo” el personaje que yo encarno queda en Pampa y la vía, porque la mina lo deja y queda hecho pelota. Y se va al baño y se tira en la bañadera y se mete debajo del agua. Entonces ahí yo le dije a Juan que me gustaba la idea de que la cámara se va afuera con la puerta del baño abierta y cambia la iluminación, de iluminación noche, pasa a iluminación día, y después vuelve la cámara al baño. Me dijo Juan que eso le encantó. Pero en cuanto a planos no me meto en absoluto.

Concurrente: ¿Vos pensás que el saber tanto de la psiquis humana hace que los personajes se amolden tanto a vos o vos te amoldes a los personajes? Tenés toda una formación como médico psiquiatra. Es decir, “Locas de amor” no hubiera sido lo mismo si no te hubieran dado lugar.
Diego Peretti: No, no hubiera sido lo mismo. Tengo que reconocer pedantemente que no. Pero Ricardo no tiene formación y tiene un conocimiento exquisito y muy sutil de las conductas humanas, y no estudió psiquiatría. Yo nunca fui actor sin ser psiquiatra así que no sé cómo hubiera sido, porque empecé a actuar después. Pero sí, en mi cabeza funcionan las variables de lo que estudié. Pero también hay actores, como Rodrigo de la Serna que tiene una intuición en la piel que después vos lo ves en la pantalla y es de una complejidad enorme y no necesita conceptualizar. Tampoco es que no sabe lo que hace, porque hace a partir de lo que le pide el director, pero a lo mejor él lo profundiza más y lo complejiza y no tiene los conocimientos.

Concurrente: ¿Vos trabajaste con Rodrigo? ¿En cuál?
Diego Peretti: Sí, trabajé. En dos “Botines” y en una tira que hice que se llamaba “Campeones”.

Concurrente: Pero en ese caso no se modifica el guión sino que se trabaja desde la actuación.
Diego Peretti: Claro, pero, bueno ahí está Brando que me va a dar la razón. (Señala un afiche de la película “El padrino” en donde se ve la cara de Marlon Brando) Vos ves que aparece Brando y hay tragedia, es cuando el actor comienza a ser artista ¿no? Pone su opinión en la interpretación, que son casos sublimes, pero… ¿por qué no tender a lo sublime? Yo siempre digo, cuando hacíamos casting para “Los Simuladores”, que para el casting es fundamental tener en cuenta la poesía de las interpretaciones. Y siempre digo que De Niro tiene una poesía de ira contenida todo el tiempo. Ulises Dumont de angustia urbana. Que empapa cada interpretación de eso, por más que sea tragedia o comedia. Yo estoy trabajando con Alfredo Alcón, Alfredo es, qué te diría, es sobrehumano. Está haciendo el paradigma de la tragedia del hombre común, “La muerte de un viajante”, que es la tragedia del hombre común. Él hizo tragedia de reyes, pero nunca tragedia del hombre común. Y es el hombre común, pero es una poesía andando. Yo lo miro y parece no humano. Bueno, Brando tiene como cierta sabiduría de fatalidad, tiene la sabiduría del que sabe que sus acciones lo llevan a un destino trágico, entonces hay cierta indiferencia ante el drama, pero, sin embargo, lo está viviendo. Al Pacino tiene algo similar también.

Concurrente: ¿Y Woody Allen?
Diego Peretti: Y Woody Allen no me gusta tanto como actor, como algunas de sus películas como director. No me gustaría definirlo como actor, porque como actor en ese rubro me quedo con Buster Keaton, Chaplin. Me parece que la mayoría de las veces se aprovecha mucho de su absurda imagen y a mí eso no me atrae.

Patricio Vega: ¿Vos te podés definir vos? ¿Te serviría eso?
Diego Peretti: No, no me sirve y no quiero. No me importa. Porque el actor si conoce qué le sirve se empieza a descansar ahí y es lo que pasa cuando comienza a ser las cosas de oficio.

Concurrente: Yo quería que nos hables de las diferencias entre actuar en teatro y actuar en cine.
Diego Peretti: Son clarísimas diferencias. En teatro es muy importante la acción corporal y en cine es muy importante el pensamiento. Porque en cine las acciones están más marcadas por el guión, vos decís “el personaje hace tal cosa” y cómo la hace no es tan importante. A mí lo que me gusta del cine es que tiene una penetración en la psicología de los personajes que el teatro no tiene. Lo que tiene el teatro es al actor en vivo, más realismo que ese es imposible, el teatro es realismo por antonomasia. En cine vos podés hacer cualquier cosa. El teatro es realismo puro. Por la base misma, que es un actor en escena, no podés hacer que al actor se le salga un ojo y aparezca un alien. Es más importante lo que le pasa a ese actor, pero eso ya tiene que ver con la técnica, con el espectáculo en sí mismo. En cuanto a lo que yo siento, creo que en teatro hay un problema de distancia que tenés que resolver, que tiene que ver con el instrumento que es el actor en sí mismo, que es tu cuerpo, tu voz, tu proyección. En cambio, en cine, si bien tiene que ver con tu cuerpo, también tiene que ver con una cantidad de cosas que trascienden al actor. En teatro, el problema es cómo llegar a la última fila de la misma manera que a la primera. Yo estoy actuando en una sala que es muy pasional, porque tengo a la gente ahí, y tengo la suerte de que la última fila no está en el fondo sino arriba, entonces se ve todo. (Se refiere al Complejo La Plaza en donde hace “La muerte de un viajante”)  Pero en las salas grandes, como la del Alvear, a mí me daba de pronto la impresión de estar actuando para las diez primeras filas y por otros momentos estar actuando para las últimas filas, entonces ese es un problema muy grave y técnico que tiene el actor de teatro. Y en cine, eso está en manos del director y de la edición. Ahora, el resultado del cine es que a veces tiene una profundidad psicológica que en teatro no se logra tener.

Patricio Vega:  ¿Podría ser que en el teatro disfrutás más del proceso y en el cine del resultado?
Diego Peretti: Yo soy actor por el cine. Y es cierto que es así en general. Ahora, cuando en el teatro se logran momentos en los hay una comunión entre los actores y las cuatrocientas personas, no te lo olvidas más. Decís “ah, bueno… esto es el paraíso”. Pero pasa también que te preguntás quién se acuerda de eso. Los espectadores se acuerdan, pero mueren, no queda registrado. En cambio en cine queda registrado, tiene trascendencia. Eso es medio angustiante para el actor de teatro. Es como un entendimiento implícito entre la gente y el actor lo que ocurre, eso es algo glorioso, pero pasajero.

 



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