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PATRICIO VEGA

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Cartelera

CHARLAS ABIERTAS EN EL LABORATORIO

Fragmentos de la charla con Fernando Castets (1º parte)

En el marco de las charlas abiertas en el Laboratorio de Guión, este año nos visitó Fernando Castets, reconocido guionista de películas como "El hijo de la novia", "El mismo amor, la misma lluvia", entre muchas otras. A continuación, fragmentos de la conversación que mantuvo con Patricio Vega.

P: ¿Qué tan difícil te resulta escribir un guión?


F: Yo siempre cuento que la primera vez que escribí fue con Juan Campanella. Teníamos 22 años. Yo empecé a escribir un 25 de diciembre -acá en Navidad no había cine, no había nada, había cuatro o cinco canales, y la verdad es que no había nada para hacer- entonces nos pusimos a escribir una obra de teatro un 25 de diciembre y el 17 de febrero la terminamos, es decir en menos de 47 o 50 y pico de días, con las fiestas en el medio. La segunda obra estuvimos trece años para escribirla, y claro… habíamos aprendido ya.
Cuando me preguntan que se hace para escribir bien un guión, digo que se hace exactamente lo mismo que para escribirlo mal: lo que hago es escribir un guión… ojalá se pudiera controlar si es bueno o no.


P: ¿Cuál es tu proceso de escritura de un guión?

F: Si tuviera que elegir entre seguir escribiendo guiones o dedicarme a la docencia de guión, no sé con cuál me quedaría. Disfruto mucho la parte docente y lo otro también, pero requiere de mucho un sufrimiento. En la parte docente enseño que hay que hacer un tratamiento, transmito maneras de trabajo, pero la verdad es que cuando escribo le hago poco caso a eso, no me importa demasiado. Como me gustan mucho los diálogos, y pienso en situaciones, muchas veces escribo situaciones. Terminé hace unas semanas, una primera versión de un guión en donde las últimas veinte páginas estaban escritas hace seis meses, sabía lo que iba a pasar en el medio, pero había escrito el final, porque había encontrado algo bueno…


P: Pienso en el proceso de escritura, si es una regla o por lo menos es una ayuda saber cómo termina, o podés empezar a escribir sin saber cómo terminas ¿qué es más cómodo?

F: No lo sé. Yo prefiero ponerme metas, el famoso tema de la página en blanco. Si yo pienso que tengo que llenar 120 páginas, digo bueno, empecemos por 10 y después vemos. A lo mejor es el comienzo, cada uno lo puede trabajar mejor. Son las tres primeras escenas, la descripción del personaje. El motor del personaje tiene que ser fuerte. Ya lo he contado otras veces, la primera versión de “El Hijo de la Novia” tenía 42 páginas en un hospital. Y yo cuando empecé a escribir sabía que no iba a pasar, no era una película de un hospital, o sí, no sé, pero no me pareció. Pero sirvió para escucharle la voz a los personajes, porque necesito conocerlos.


P: ¿Centrarse en el personaje es más importante para vos que centrarse en la trama o el tema del guión?
F: Son varias cosas… Las historias que a mí me gustan se cuentan a través del personaje, yo necesito imaginar quién es el personaje y me gusta pensar en lo que hace. Al principio de “El hijo de la novia”, el personaje era abogado, y empazamos a pensar qué hace, cómo es su día a día. Y hablo por Juan también, que escribe tanto o bastante más que yo, porque funciona como director y co guionista. Yo escribo, mando, él recibe, corrige, manda, yo pulo, y va y viene todo el tiempo. Y no me gustaba demasiado la idea de que sea cocinero, uno va pendulando, pasa de un extremo al otro, y lo veíamos amasando y con  un restaurante familiar, y ahí comenzó a encaminarse. Es decir, lo que hacemos es pensar el personaje en términos de la acción. Porque sin personaje no hay acción y sin acción no tenés conflicto, no sólo la acción física, sino también lo que piensa y sus sentimientos. Ese conflicto es el que genera la tensión y va generando distintas tensiones y eso es lo hace a la historia, a partir de eso tenés el guión y la película.


P: ¿Y el tema? En algún momento tomás conciencia de lo que estás escribiendo y surge un tema…

F: El tema es a veces como la resolución. Por ejemplo, el tema de  “El Hijo de la Novia” es: “un hombre que preocupado por lo urgente se olvida de lo importante”. Y uno dice: ustedes lo escribieron así. Y… no… a partir de las tantas charlas en algún momento te preguntan por el tema y alguien dijo eso -no me acuerdo quién lo dijo- y yo dije “qué bueno, lo voy a usar”. Apareció, ya estaba la película estrenada, ya había pasado la parafernalia de los Oscar y todo eso. No es que dijimos escribamos una película en donde alguien preocupado por lo urgente se olvide de los importante, porque eso no sirve. Yo digo, quiero escribir la historia sobre una familia disfuncional, ah!! Muy bien!!! “Pequeña Miss Sunshine”. Bueno yo había pensado “Hamlet” en realidad. Claro, no termina de definir. ¿Qué define la frase o el contexto? Yo creo que a diferencia de la publicidad, que necesita el concepto primero para desarrollarlo, para nosotros el tema aparece un poco después, porque los temas son universales en cierta manera.


P: Una vez leí algo que dijiste: hay cinco reglas básicas para escribir un buen guión.

F: Sí, cada vez que digo éstas son las cinco reglas básicas para escribir un buen guión, y cinco sacan una lapicera, y yo digo el problema es que nadie las conoce. Esto también es una manera de transmitir el conocimiento en donde parece que no hubiera fórmula. Yo creo que no hay un problema en la escritura de un guión, sino en la manera en que enseñamos a escribir el guión, y que también obedece a cómo se piden que los guiones sean escritos del lugar industrial. Yo aclaro que para mi cada guión es una aventura, yo estoy escribiendo una película ahora, terminé la primera versión y yo hasta que no termine la primera semana de rodaje no estoy seguro de que la película se hace, nadie la tiene comprada, de verdad. Incluso se filman las películas y tienen dificultades para estrenarse. Siempre es algo nuevo, nunca escribí solo, escribí los guiones un poco proponiéndolos, pero nunca fue por encargo.


P: ¿Y vos escribiste guiones con Juan Campanella y con quiénes otros?

F: Escribí con Juan solo y con otras personas.


P: ¿Cómo preferís trabajar?

F: Yo creo que trabajar con otra persona es fantástico. Pero también pasa que la relación con Juan fue más atípica por que en realidad… una vez una amiga nos dijo que más que dos escritores trabajando ocho horas, parecíamos uno trabajando dieciséis, porque tenemos un sistema: yo escribo, él corrige, manda las cosas, vuelvo a corregir sobre eso y agrego.


P: Te ahorra la angustia de estar solo frente a la nada.

F: Sí. Después la cosa es cómo haces para saltearte las ganas que tenés de ver una película o ir al cine o lo que te guste hacer. Yo voy escribiendo y reescribiendo, recomiendo mucho la forma que recomendaba Hemingway: si uno tiene la idea de las tres próximas escenas, no escribir hasta el final, porque después al otro día… Lo que hacía Heminway era empezar un capítulo y cuando ya sabía cómo iba generalmente empezaba a escribir el siguiente y lo dejaba en el medio, porque ya venía con el tirón, con esa inercia creativa, y después cuando la retomaba al día siguiente ya venía con esa carga de “ya sé qué”. De verdad, si uno escribe, “hasta acá ya sé”, hasta estas tres escenas, y si escribís hasta ahí, después tenés que empezar como desde cero. Es mejor dejar en el medio.



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